El ex jugador, formador y profesor histórico de la UCN repasó su vida ligada a los Pumas, recordó sus orígenes como hincha y dejó un llamado profundo a recuperar la identidad del club, en la entrevista “Rumbo a los 60”, en el marco de la alianza entre Cancha y Calle y EntreNoticias Deportes de Digital Channel.
Hay historias que no se cuentan, se sienten. Y la de Eduardo Verdejo con el Club de Deportes Antofagasta es una de ellas. En una conversación cargada de memoria, emoción y pertenencia, el histórico referente del fútbol local abrió su corazón para recorrer un camino que comenzó en las galerías y terminó marcando generaciones dentro y fuera de la cancha.
“Yo recuerdo haber estado en el Quillotazo con 12 años… ahí nació todo”, relata con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. Desde esas primeras vivencias, acompañado por su familia y por aquellas recordadas “hormiguitas” que apoyaban al club, Verdejo fue construyendo un vínculo que lo llevó a ser socio por más de 20 años y, más tarde, protagonista desde adentro.
Su historia es la de muchos, pero también la de pocos: pasó por cadetes, entendió las dificultades de llegar al primer equipo y encontró su camino en la preparación física, formando parte de procesos que marcaron época en el fútbol antofagastino. “Antofagasta siempre ha sido una cantera. Antes había muchos jugadores de acá, hoy eso se ha ido perdiendo”, advierte, con la mirada puesta en una identidad que, según él, necesita reconstruirse.
Verdejo no solo habla de fútbol, habla de vida. De camaradería, de momentos inolvidables y de nombres que marcaron su historia, como Sergio “el Bambino” Marchant o Luis Marcoleta. “Con Sergio éramos muy amigos… tenía un ángel especial con la gente. Y Luis Marcoleta es una persona que transmite tranquilidad, confianza… eso hoy se nota en el equipo”, comenta.
Pero también hay espacio para la reflexión crítica. “Falta reconocimiento. Hay jugadores que marcaron un antes y un después y hoy muchos no saben quiénes fueron”, sostiene, evidenciando una deuda histórica que, a su juicio, el club mantiene con sus propios protagonistas.
Más allá de lo deportivo, su mensaje es claro: el CDA debe volver a conectarse con su gente. “Un club no son solo 11 camisetas. Tiene que tener vida, espacios, identidad. Antes Antofagasta tenía miles de socios, hoy eso no existe”, enfatiza.
Entre tantos recuerdos, hay uno que lo toca profundamente: ver a Antofagasta competir a nivel internacional. “Estuve en el Maracaná viendo al CDA… y fui dos veces. Pensé que nunca más iba a vivir algo así”, dice, reflejando la emoción intacta de quien nunca dejó de ser hincha.
Pero quizás el momento más íntimo llega cuando habla de su hija Camila. Desde hace 18 años, Verdejo impulsa actividades deportivas en su memoria, uniendo el amor familiar con el fútbol y el sentido de comunidad. “Siempre estamos ligados al CDA, de una u otra forma. Esto no se deja nunca”, confiesa.
Al final, cuando se le pide definir qué significa el club en su vida, no duda: “Amor… amor de años”.
En tiempos donde el fútbol muchas veces se mide solo en resultados, voces como la de Eduardo Verdejo recuerdan lo esencial: el sentido de pertenencia, la historia y el vínculo con la gente. Y en la antesala de los 60 años del Club de Deportes Antofagasta, su mensaje resuena más fuerte que nunca: volver a sentir, volver a creer, volver a ser.