La última jornada del Festival de Antofagasta no solo estuvo marcada por la música y la emoción del público. También fue la noche en que dos animadores locales consolidaron su lugar en el escenario más importante de la ciudad: Gisela Santander y Julio Salazar.
Con 15 mil personas y una energía que se sintió desde el primer minuto, ambos rostros antofagastinos compartieron una experiencia que, según confesaron, los marcó profundamente.
Gissela Santander: emoción, compañerismo y un sueño cumplido
Visiblemente emocionada, Gisela destacó la magnitud de esta edición y el crecimiento del evento. “La verdad que ha sido increíble. Este año han sido tres días que ahora sí se ha podido disfrutar mucho más, con 15.000 asistentes en cada noche. Estamos muy contentos de celebrar este nuevo aniversario”, expresó.
La animadora no solo celebró el éxito del Festival, sino que también dejó entrever un anhelo personal y colectivo. “Tengo un sueño de haber animado durante tantas personas. Se consolida de una manera de trabajo y esfuerzo, pero también me gustaría que la Municipalidad siga encontrando a los demás compañeros. Me encanta el compañerismo. Yo creo que todos debiésemos alguna vez pisar el escenario del Festival de Antofagasta porque se lo merecen”.
Entre pausas y emoción, su mensaje reflejó algo más que orgullo profesional: el deseo de abrir espacios y compartir la vitrina más importante de la ciudad con otros comunicadores locales.
Julio Salazar: la experiencia de repetir y el respaldo de la familia
Para Julio Salazar, esta fue su segunda oportunidad animando el Festival, una experiencia que calificó como única. “Yo ya he estado dos veces animando el Festival de Antofagasta y es maravilloso. Es algo espectacular, algo que uno se lo imagina solamente estando arriba del escenario”.
El animador también se sumó al llamado a ampliar oportunidades para más colegas del medio local. “Sería bueno que varios colegas de radio y televisión tengan la opción de poder participar en el Festival”.
Agradecido con la Municipalidad y las autoridades que confiaron en ellos, Salazar cerró con una dedicatoria íntima que arrancó aplausos. “Un abrazo grande a mi familia que siempre me está apoyando, a mi señora que está aquí al lado mío, a mi hijo que está en el público, a mi otro hijo que está en la casa y en general a toda mi familia que siempre me está apoyando en esta carrera de animador”.
La última noche del Festival no solo cerró con música y espectáculo. También dejó una señal clara: el talento local está listo, emocionado y orgulloso de representar a Antofagasta desde la animación en el escenario más importante de su aniversario.