Más que un deporte, para muchas es un refugio, un desafío y una nueva forma de vida. El club lleva más de una década formando jugadoras y hoy mantiene convocatoria abierta para todas las mujeres y niñas que quieran atreverse a probar el rugby y ser parte de una verdadera familia.
En el pasto, bajo el sol nortino y con el mar como testigo, cada entrenamiento del equipo Femenino de ARUA Rugby Club es una mezcla de esfuerzo, compañerismo y superación personal. Lo que comenzó en 2015 con apenas cuatro o cinco jugadoras, hoy se transformó en una sólida rama deportiva que reúne a adolescentes y adultas unidas por la pasión por la ovalada.
La iniciativa nació a partir de la rama masculina ligada a la Universidad de Antofagasta, cuando un grupo de mujeres decidió abrirse espacio en un deporte históricamente asociado a los hombres. Con el paso de los años, el equipo no solo creció en número, sino también en experiencia, participando en competencias regionales, del norte del país y torneos nacionales.
La ayudante de coach y coordinadora de la rama femenina, Jelena Salopek, recuerda esos primeros pasos. “ARUA femenino parte del 2015. Partimos cuatro o cinco jugadoras y de a poco comenzamos a integrar más, tanto juveniles como adultas. Nos ha ido bastante bien en general, a nivel norte y también nacional”.
El equipo compite regularmente en Antofagasta y también ha viajado a Santiago para disputar campeonatos de clubes, una instancia habitual debido a la geografía del país.
Durante los últimos años, el interés de las mujeres por practicar rugby ha ido en aumento. Sin embargo, la pandemia golpeó fuerte al deporte femenino, obligando a reconstruir el grupo desde cero. Las redes sociales jugaron un papel clave. “En pandemia bajó mucho el rugby femenino, pero gracias al trabajo en Instagram se nos han sumado hartas mujeres. Es donde más gente se entera de nosotros”, comenta Salopek.
Actualmente el club mantiene convocatoria permanente. No importa la experiencia ni la condición física inicial: solo se necesitan ganas y ropa deportiva. “Toda mujer o juvenil que quiera ser parte puede participar. Desde los 14 años en adelante, y también tenemos escuelita para niñas desde los 4 años”.
Pero lo que realmente distingue a Arúa no es solo la competencia ni los viajes, sino el sentido de pertenencia que se genera entre sus integrantes. “Más que nada es la familia que se forma. Si tú le preguntas a cada chica, el rugby de alguna manera la salvó. Esa es nuestra identidad”.
Sin auspiciadores y financiándose principalmente mediante cuotas y actividades solidarias —ventas y rifas—, el club sigue adelante gracias al compromiso de sus propias jugadoras y directiva, sosteniendo sus gastos operativos mientras gestionan proyectos y la búsqueda de auspiciadores que les permitan seguir creciendo.
Y el mensaje final es claro. “Invitar a cualquier chica que se quiera sumar a nuestro club. La van a pasar súper bien y van a encontrar una nueva familia que les va a durar para siempre”.
Hoy, el equipo Femenino de ARUA Rugby Club no solo entrena jugadoras: forma carácter, amistad y confianza. El balón ovalado sigue rodando en Antofagasta… y siempre hay un espacio para una más.