La capital de la provincia de El Loa bajó el telón de tres jornadas de celebración con una noche cargada de emoción, música y un potente mensaje de identidad territorial junto a Alanys Lagos, Juanes y Rodrigo Tapari.
Calama vivió un cierre inolvidable. Bajo el cielo del desierto y con miles de personas como testigos, la ciudad puso fin a su Festival 2026 al ritmo de su himno, en una jornada que mezcló espectáculo, emoción y también momentos de tensión que reflejan el sentir profundo de la comunidad loína.
La última noche tuvo como protagonistas a Alanys Lagos, Juanes y Rodrigo Tapari, quienes encendieron el escenario con presentaciones que conectaron directamente con el público. Uno de los momentos más simbólicos se vivió cuando asistentes entregaron una camiseta de Cobreloa a Alanys Lagos, gesto que desató aplausos y reafirmó el vínculo entre la música y la identidad naranja de la ciudad.
Juanes, por su parte, sorprendió con un formato íntimo: sentado en una silla, a nivel del público, transformó su show en una experiencia cercana, casi confesional, generando uno de los clímax emocionales de la noche. En tanto, Rodrigo Tapari hizo bailar a los miles de asistentes, aportando energía y ritmo a una jornada que transitó entre la emoción y la celebración.
Un cierre con mensaje y controversia
Sin embargo, el cierre no estuvo exento de polémica. Justo a la medianoche, tras la entonación del himno de Calama y el himno nacional, el alcalde Eliecer Chamorro tomó el micrófono para dirigirse a la comunidad, dejando declaraciones que rápidamente marcaron el tono político de la jornada. “Que se vayan todos los que contaminan, que se vayan todos los que hablan mal de la ciudad. Basta de pedirle permiso a Santiago y hoy más que nunca necesitamos ser región” sostuvo.
Sus palabras generaron reacciones inmediatas, instalando nuevamente el debate sobre el centralismo y el desarrollo del norte, en una noche que ya era profundamente significativa para los habitantes de la zona.
Una ciudad que canta su identidad
Pero más allá de cualquier controversia, hubo una imagen que se robó todas las miradas: miles de personas cantando a todo pulmón el himno de Calama. Un momento cargado de simbolismo, donde la ciudad se reconoció a sí misma, reafirmando su identidad, su historia y su orgullo por ser parte de la tierra de sol y cobre.
El Festival de Calama 2026 no solo cerró con música. Cerró con emoción, con pertenencia y con una declaración clara: Calama no solo celebra… Calama se siente, se defiende y se canta.