El ex presidente de la ANFP cuestionó con dureza el cambio de pasto en el Estadio Regional y puso en duda el estándar que se busca para el fútbol en Antofagasta.
Una frase directa, sin matices y cargada de crítica remeció el ambiente futbolero en la ciudad. En el marco del lanzamiento de la temporada 2026 de Antofagasta Portuario, Harold Mayne-Nicholls instaló un debate que incomoda: el paso de pasto natural a sintético en el principal recinto deportivo de la región.
“El fútbol de alto nivel se juega en pasto natural. Ni el Real Madrid, ni el Bayern Múnich ni el Barcelona juegan en sintético”, disparó el ex timonel de la ANFP, marcando una clara distancia con las decisiones adoptadas a nivel local.
Pero no se quedó ahí. Mayne-Nicholls reforzó su punto apelando al estándar internacional: “Esa es la realidad del fútbol mundial. Las grandes competiciones, incluido un Mundial, se juegan en césped natural”, enfatizó, dejando entrever que Antofagasta estaría yendo en sentido contrario a la élite.
Desde su mirada, la discusión no es solo técnica, sino estructural. El ex dirigente advierte que modificar la superficie del Estadio Regional podría tener consecuencias directas en la calidad del juego y en la proyección del fútbol profesional en la zona. “Cuando empiecen a jugarse varios partidos al día, la cancha se va a deteriorar y vamos a terminar viendo mal fútbol”, alertó, cuestionando además el modelo de uso intensivo que se proyecta para el recinto.
En esa línea, propuso una alternativa que apunta a compatibilizar el acceso ciudadano con el alto rendimiento: “Si hay recursos, se puede hacer una cancha sintética en otro sector, pero la principal hay que mantenerla como corresponde”.
Hoy, bajo la administración y el cuidado de Patricio Bustamante, el césped del principal recinto de la región ha mostrado una recuperación rápida y evidente, luego del deterioro que sufrió tras las actividades del aniversario de Antofagasta. Un antecedente que no es menor y que vuelve a poner en duda la necesidad de cambiar la superficie.
En ese contexto, la postura de Harold Mayne-Nicholls toma aún más fuerza: reemplazar el pasto natural por sintético no solo aparece como una decisión apresurada, sino como un error que va derechamente en contra del fútbol y del estándar que la ciudad debería aspirar a tener.